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Año 7 - Nº 8

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ISSN 1667-3212
· La Práctica de Bienestar Animal: una ventaja competitiva para el ganado y la carne en la Argentina
· Los comienzos en la Argentina de la industrialización por sustitución de importaciones (1930-1955): causas, objetivos y análisis de sus consecuencias
· Sistemas Silvopastoriles: una alternativa productiva para nuestro país
· Análisis económico del potencial forrajero de frutos del bosque nativo del Chaco
· Los profesores escriben: Evolución de la estructura funcionaria en la Provincia de Chaco
  Apunte

Los profesores escriben
Evolución de la estructura fundiaria en la Provincia de Chaco

Ing. Agr. Eduardo Polcan [1]

Resumen

     

En este capítulo se analiza la evolución de la estructura fundiaria en la Provincia de Chaco en paralelo a su desarrollo agroproductivo durante los últimos 100 años. Se observa que los cambios en la estructura fundiaria responde en términos generales al patrón nacional, no obstante algunos rasgos distintivos de la provincia incidieron dándole características propias al proceso de estos cambios estructurales.

A partir de una serie temporal de número de establecimientos agropecuarios totales de Chaco desde inicios del siglo XX se identifican dos etapas en su evolución: una que abarca desde entonces hasta comienzos de la década de los `60 caracterizada por una tendencia a la desconcentración de la tierra y una posterior que abarca los últimos 50 años, donde el sentido es  hacia la concentración.

Asimismo, las condiciones productivas configuraron rasgos de la distribución de la tierra, de la misma manera que la estructura productiva incidió en las condiciones de producción. La economía chaqueña se ha caracterizado por expansiones productivas con impactos positivos en su crecimiento y subsiguientes crisis en algunos casos: explotación forestal, ganadería, producción algodonera, cereales y oleginosas, especialmente soja en las últimas décadas.

Abstract

In this chapter it is analized the founding structure of the state of Chaco, Argentina with agroproduction development for the past 100 years. Its observed that the changes in the founding structure responds, in general to those of the national standards, nevertheless some of the distinctive features of Chaco impact on it,  giving new characteristics to the process of structurural changes.

From a total given number of farm stablishments  of Chaco, it is identified two different stages on its evolution: one from the beginning of the century until the 1960s in which its main characteristic is the deconcentration of the land, and the following one that continues over the next 50 years in which the path is towards concentration of land.

Also, the productive conditions set  the  features of the distribution of the land in the same way as the productive structure set  the condition of the production. The Economy of  Chaco it´s been characterized by its productive expansion with positive impacts on its growth,  followed by some crisis in these fields: forest exploitation, animal husbandry, cotton production, cereals, and oilseeds (specially soy in the last decades)

1.- Introducción

La Provincia de Chaco presenta rasgos distintivos en el contexto nacional. Por un lado es parte de una región con condiciones agroecológicas particularmente aptas para ciertos cultivos y con  variadas limitaciones para otras producciones agropecuarias. No obstante, en el devenir histórico su perfil productivo sufrió importantes cambios por cuestiones climáticas, tecnológicas y de los mercados de destino de sus principales productos.

Por otra parte, las condiciones productivas configuran algunos rasgos de la distribución de la tierra en la provincia, de la misma manera que la estructura productiva incide en las condiciones de producción.

En el presente capítulo se analiza la evolución de la estructura fundiaria en la Provincia de Chaco, en paralelo a su desarrollo agroproductivo, destacando coincidencias con lo ocurrido a nivel nacional y particularidades propias de este territorio.

2.- Orígenes

Históricamente, las razones para el desprendimiento de la tierra pública en Argentina fueron las de premiar éxitos militares, colonizar zonas despobladas, obtener recursos fiscales, promover la integración territorial, entre otras.

En términos comparativos, frente a las condiciones climáticas y edáficas y de ubicación geográfica de la Pampa Húmeda, el territorio de la Provincia de Chaco quedó exento del proyecto de organización nacional hasta fines del siglo XIX. Fue luego de finalizadas la Guerra de la Triple Alianza y las campañas del General Julio Argentino Roca en la Pampa y en la Patagonia, cuando el gobierno nacional decidió avanzar en la conquista de los territorios situados al Norte del Río Salado. En octubre de 1872 se dictó la Ley Nº 572 por la que se creaba el territorio nacional del Chaco, incluyendo hasta ese momento a las actuales provincias de Chaco y Formosa.

Sobre las ruinas de la Reducción de San Fernando del Río Negro se asentaron el coronel José María Ávalos con un grupo de italianos y correntinos. Allí formaron una pequeña colonia que en 1875 debió enfrentar la resistencia aborigen, en recuerdo de lo cual el asentamiento comenzó a llamarse La Resistencia. En 1878 se aprobó la mensura de la colonia y se decretó su fundación, recibiendo días después el arribo de sesenta familias italianas de Udine. Así se iniciaba la primera etapa de ocupación efectiva del territorio chaqueño.

Los nuevos habitantes tenían como objetivo la agricultura, actividad previamente desconocida en la zona. Lograron cultivar con éxito maíz, caña de azúcar, mandioca, tabaco, maní y legumbres, e iniciaron la producción de ladrillos, harinas y alcoholes. Las colonias se expandieron pero sólo ocupando las zonas cercanas a los ríos Paraná, Paraguay y parte del río Bermejo. La adjudicación de vastos latifundios demoró el avance colonizador, dejando grandes superficies baldías por muchos años (INDEC, 2000).

La estructura fundiaria de la provincia se conformó básicamente por tres componentes, designados tradicionalmente según su disposición desde la periferia hacia el núcleo regional: las colonias litorales, los grandes fundos orientales, y el centro fiscal. Cada uno de estos elementos ha sido el resultado de las políticas de tierras del gobierno nacional, en distintas etapas de la organización del territorio de esta provincia, y su respectiva disposición espacial se corresponde con el proceso de ocupación y aprovechamiento económico del área (Valenzuela de Mari, 1997).

A fines del siglo XIX fueron impulsadas políticas de colonización del territorio Nacional del Chaco por un proyecto de Nicolás Avellaneda, que en el año 1876 se convirtió en la Ley Nº 817. Los lineamientos generales de esta ley establecían que los territorios nacionales debían ser divididos en secciones de 40.000 hectáreas; que dichas secciones serían alternativamente subdivididas para ser entregadas a la población; y que la sección colocada entre dos secciones subdivididas sería destinada a la colonización por medio de compañías capitalistas que introdujeran a los colonos, por establecimientos especializados en la asimilación del aborigen o para la implantación de la ganadería (Miranda, 2005). Si bien el objetivo de esta ley promovía la privatización de la tierra, considerándose ello el medio más idóneo para el asentamiento definitivo, la realidad fue alterando los resultados esperados debido a la lentitud de la burocracia estatal.

Este hecho, desenvuelto en un lapso de casi medio siglo, fue definiendo los caracteres de la estructura del territorio agrícola en el Chaco, donde la gran mayoría de los productores se constituyeron como simples ocupantes de sus chacras, abriendo cauce a la incertidumbre familiar y al desinterés por capitalizar su explotación.

3.- Evolución secular de la concentración fundiaria

La concentración de la tierra es comúnmente dimensionada a partir de dos análisis diferentes: a través de la observación de la distribución de la superficie productiva entre los estratos de tamaño de explotación, o bien en una mirada dinámica, analizando la evolución del número total de establecimientos productivos en el tiempo.

La estructura fundiaria a fines del siglo XIX ya obedecía a una forma concentrada de apropiación. Los establecimientos chaqueños de menos de 100 ha, que de acuerdo al Censo Nacional Agropecuario de 1914 correspondían al 53% del total provincial, ocupaban solo el 2% de la superficie productiva [2] . En el otro extremo, el 3,5% de los de mayor tamaño estos ocupaba el 48% de la superficie.

Se considera que hacia el año 1884, la totalidad del territorio pampeano ya se encontraba apropiado. No obstante, debido a su localización y condiciones agroecológicas, la ocupación del Territorio del Chaco para la producción agropecuaria fue tardía respecto al resto del país. Mientras que en 1914 la superficie ocupada por establecimientos agropecuarios el Chaco correspondía al 1,46% de la nacional, esta proporción creció hasta el 2,89% en 1969.

En cuanto a la evolución del número total de establecimientos productivos, este es la resultante de la incidencia de numerosos factores que inciden en sentido inverso: algunos que llevan a la subdivisión de establecimientos (y por ende a la desconcentración) junto a otros que dan lugar a fusiones de superficies (concentración). Entre los primeros cabe mencionar la natural subdivisión de establecimientos por el paso del tiempo, a partir de la herencia de campos en los casos de varios decendientes. Respecto a la tendencia a la concentración, en la medida que operan las fuerzas del mercado sin regulación específica, tienen lugar fenómenos de economías de escala que permiten disminuir los costos medios de producción a través del aumento del tamaño del establecimiento, con lo cual, a mayor superficie, mayor competitividad.

Si se establece una serie temporal a partir de los datos del total de establecimientos agropecuarios (EAPs) de Chaco, obtenidos de los censos nacionales agropecuarios (CNA), se pueden advertir dos prolongadas etapas en su evolución, desde inicios del siglo XX (Gráfico 1): una que abarca desde entonces hasta comienzos de la década de los `60 caracterizada por un aumento del número de EAPs, es decir, una tendencia general a la desconcentración de la tierra en el entonces Territorio, y una etapa posterior que abarca los últimos 50 años, donde se invierte el sentido, hacia la concentración (por lo menos en términos del número total de EAPs), a un ritmo menos pronunciado que el proceso de la etapa anterior.  

Gráfico 1
Evolución del número de establecimientos agropecuarios en Chaco

Fuente: INDEC, Censos Nacionales Agropecuarios. ((en el caso del CNA 2008 se trata de datos preliminares).

Cabe mencionar que este desarrollo cíclico se verifica también a escala nacional, aunque la primera etapa resulta más prologada y con un crecimiento a una tasa inferior a la chaqueña, presumiblemente como resultado, entre otros motivos, de la ocupación tardía ya señalada.

Gráfico 2
Evolución del número de establecimientos agropecuarios en Argentina

Fuente: INDEC, Censos Nacionales Agropecuarios (en el caso del CNA 2008 se trata de datos preliminares).

4.- Período de “desconcentración” fundiaria (1914-1960)

Mientras que la superficie productiva del Territorio Chaqueño se amplió un 112% en este primer período (entre los CNA de 1914 y 1960) el número de EAPs creció en un 1341%. Asimismo, es posible identificar diferencias de incremento entre los estratos de superficie de los EAPs (Cuadro 1).

Cuadro 1
Evolución del número y superficie de establecimientos agropecuarios entre 1914 y 1960


Fuente: Censos Nacionales Agropecuarios

De estos resultados, es posible observar:

  • El número de EAPs se incrementó en todas las escalas de superficie.
  • En términos relativos, el aumento de los EAPs fue mayor en los estratos de menor superficie (hasta 25 ha y de 25 a 100 ha) siendo menor a medida que aumenta la superficie del estrato
  • Las mismas conclusiones caben para la superficie de cada estrato.
  • Esto arroja como resultado una distribución de la tierra algo menos concentrada entre los extremos del período: el Coeficiente de Gini (CG) calculado en base a los estratos del cuadro anterior, pasa de 0,766 en 1914 a 0,745 en 1960.

Resulta interesante tener en cuenta algunos aspectos de la historia económica de la región que incidieron en los rasgos de la estructura fundiaria: la ocupación tardía y la coexitencia de grandes propiedades con el minifundio asociado a la producción agrícola.

La economía chaqueña se ha caracterizado desde los inicios de su colonización por la presencia de fuertes expansiones productivas con impactos positivos en su crecimiento, y subsiguientes crisis de gran envergadura. Es importante destacar que cada una de las expansiones productivas acaecidas en esta provincia fueron mérito de una única actividad productiva, lo cual evidencia la dependencia de su economía frente a variaciones en los indicadores que sustentan la rentabilidad de esa actividad.

En efecto, el primer ciclo en la economía chaqueña estuvo caracterizado por la difusión de la explotación forestal para la obtención de madera y tanino.

Con el comienzo del siglo XX, el descubrimiento de las propiedades curtientes de la sustancia tánica extraída del quebracho dio lugar a la expansión de la industria de este producto en el territorio chaqueño, al compás de la creciente demanda externa. El aumento en su demanda durante la Primera Guerra Mundial, por ser un material estratégico usado para las suelas de las botas de la infantería y de los correajes de la caballería, incrementó el modelo extractivo de quebracho colorado.

A principios del siglo XX, la mayor parte del área provincial colonizada se situaba en la zona sur-oriental del territorio, principalmente en los departamentos Resistencia y Bermejo. Estas tierras eran en su mayoría de propiedad privada, ligadas al interés económico por la explotación del quebracho colorado. El fin productivo de estas tierras contribuyó a afirmar la presencia de explotaciones de gran dimensión, como una consecuencia de la naturaleza extractiva del trabajo forestal. Sólo se sumaba a estas grandes propiedades la presencia de las colonias orientales creadas sobre el margen de los ríos Paraná y Paraguay.

En pocos años las vías férreas abrieron camino hacia el interior del territorio. Con el avance en la construcción del ferrocarril Santa Fe, el tendido alcanzaría la ciudad de Resistencia en 1907, lo cual significó la vinculación del territorio con el sur del país. En 1909 comienza el tendido de rieles desde Barranqueras hacia el oeste, alcanzándose el kilómetro 205 hacia 1914. En ese año también se realizó el empalme con la línea de Ferrocarril Central Norte, que se internaba en el Chaco con rumbo al Noroeste.

Además se iniciaría una nueva etapa colonizadora en manos de migrantes provenientes de provincias y países vecinos, configurando una nueva organización espacial del territorio.

Hacia 1914, la entrada de europeos al país sufrió un brusco descenso como consecuencia de la guerra y las dificultades que provocó en el transporte marino. A partir de la finalización de la Primera Guerra Mundial comienza una segunda etapa de ocupación que implicó importantes cambios en la estructura productiva chaqueña. Esta nueva etapa, que se extiende entre 1918 y 1958, se caracteriza por el poblamiento acelerado de las planicies centrales y del sudoeste chaqueño al compás de la introducción del cultivo de algodón. Los departamentos Campo del Cielo y Napalpí, receptores de las mayores superficies colonizadas a partir de 1921, emprenderán un fuerte ascenso en los aspectos demográficos y económicos que pronto los colocaría entre los más prósperos del territorio.

Este proceso obedeció principalmente a la conversión de tierras fiscales en colonias agrícolas, al ferrocarril que valorizara y permitiera la fluida salida de su producción; al algodón, cuya adaptación al medio y su precio internacional hicieron rentables explotaciones no muy extensas; y al nuevo flujo de colonos que poblara una zona marginal en el contexto nacional (Borrini, 1987).

Los inmigrantes extranjeros son los principales protagonistas de la formación de las nuevas colonias. Por su parte, los migrantes internos también pasan a engrosar la población de Chaco, aunque ven disminuida su posibilidad de acceder a los planes de colonización en las condiciones en que se les ofrece a los inmigrantes extranjeros. Es por ello que estos pobladores tienden a la ocupación de hecho de tierras fiscales en pequeños predios, con desmonte reducido.

Por su parte, el extenso territorio ubicado en el noroeste de la provincia, denominado El Impenetrable y dueño del 40% del territorio chaqueño, no fue partícipe de esta gran corriente colonizadora.

La llegada de la crisis del año 1929 y los efectos de la Segunda Guerra Mundial provocarían la pérdida de dinamismo de las exportaciones y la tendencia decreciente de los términos de intercambio, disminuyendo considerablemente la capacidad de importar del país.

La nueva política de sustitución de importaciones instaurada en el país generó signos evolutivos disímiles en las actividades que caracterizaban a la provincia hasta esta época: mientras la explotación forestal presenta una contracción (ya que la demanda de tanino declina frente a la competencia del extracto de mimosa y los curtiembres sintéticos y de los sustitutos del cuero), el cultivo de algodón se extiende rápidamente, mientras que la actividad ganadera evoluciona lentamente.

El gran protagonista desde 1938 pasa a ser, entonces, el algodón que, a partir de la reorientación de su producción hacia el mercado interno y en función de la demanda de la naciente industria textil nacional, llega a concentrar no menos del 50 % del área sembrada en la provincia, convirtiéndose en el cultivo típico chaqueño.

Cuadro Nº 2
Evolución del área sembrada en la provincia de Chaco durante el período 1919-1960. En hectáreas.

Campaña agrícola

Algodón 

Otros cultivos

Total  

Participación del algodón sobre el total (en %)

1919-20

12.000 

21.230

33.230 

36.11

1929-30

112.000 

109.510

221.510 

50.56

1039-40

290.000

129.377

419.377 

69.15

1949-50

350.300

56.984 

407.284 

86.00

1959-60 

423.900

142.766 

566.666 

74,80

Fuente: Besil A.: “Chaco: 60 años de evolución agrícola” Diario El Territorio. 21-12-1979. Citado en Roze, J. (2004). 

Rofman (1983) sintetiza las características de la estructura económica chaqueña de este período en la producción de extracto de quebracho y el algodón, ambas materias primas orientadas al mercado externo. Es decir, la demanda extranjera fue la responsable de la ocupación inicial del territorio y de su expansión sobre el mismo por más de 50 años.

Pese a la desconcentración fundiaria global provincial del período, en esta etapa continúa la  estructuración de una polarización productiva compuesta por pequeños y medianos productores, éste último de origen fundamentalmente inmigrante, vinculados a la producción agrícola (predominantemente algodón); y el sector productor de los grandes establecimientos relacionado al desmote y a la ganadería extensiva.

5.- Período de concentración (a partir de 1960)

Desde el CNA de 1960 se extiende una etapa de reducción progresiva del número de EAPs provincial. Aunque la superficie productiva aumenta un 17% entre 1960 y 2002, el número de establecimientos se reduce en un 40%[3] (Cuadro 2).

Cuadro 2
Evolución del número y superficie de establecimientos agropecuarios entre 1960 y 2002

A partir del cuadro anterior, adaptado de los datos de los censos 1960 y 2002, al estratificar los establecimientos por superficie se obtienen los siguientes resultados:

  • En un período de 42 años ( 1960 a 2002) se redujo en un 40% la cantidad de EAPs del la provincia a la vez que crece un 17% la superficie bajo producción.
  • Los estratos menores (hasta 100 ha) reducen su número de EAPs y su superficie en el período considerado.
  • El estrato de más de 10.000 ha crece en número (7%) pero disminuye en superficie (17%).
  • Como resultado, se observa una mayor concentración en cuanto a que la tierra bajo producción se distribuye en menos establecimientos.
  • Sin embargo, la pérdida de EAPs en los estratos extremos lleva a que la distribución entre estratos es algo menos desigual: el CG pasa de 0,76 en 1960 a 0,70 en 2002 (Gráfico 2).

Gráfico 2
Distribución acumulativa de EAPs y superficie

En cuanto a los aspectos de la producción agrícola que acompañaros este proceso, a partir de la década del 50, la aparición de las fibras sintéticas, así como el estancamiento del mercado interno, comenzarían a influir en las ventas y en una correlativa baja de los precios de la fibra de algodón, lo que llevó al endeudamiento de muchos productores minifundistas.

La caída en la demanda produjo que se acumulasen stocks de algodón sin colocación, al tiempo que la insuficiente calidad de la fibra local hacía difícil su exportación. Todo ello llevaría a una crisis económica y social manifestada en toda su crudeza en la década siguiente. La superficie destinada al cultivo de algodón disminuyó aproximadamente un 55% entre los años 1960 y 1967, para continuar decayendo en las campañas sucesivas. 

El impacto de la crisis algodonera en el Chaco se vio agravado por la configuración de la cadena de valor del algodón. Además de la fuerte concentración en los sectores ligados hacia delante (desmotadoras, hilanderías y tejedurías) que fortalecía el oligopsonio; se sumaba el hecho que en la provincia sólo se procesaba una primera fase del ciclo de producción del algodón, con el objeto de reducir su volumen, todo el resto de la manufacturación textil se ubicaba en los aledaños de Buenos Aires y su interior.

Otro de los efectos de la Segunda Guerra Mundial fue la drástica baja de las importaciones de carbón mineral y de petróleo, lo cual debió ser reemplazado con carbón proveniente de la región chaqueña. De este modo, si bien se había señalado que la consolidación del algodón fue coetánea al retroceso de la actividad forestal, la sustitución de la importación de combustibles marcó el inicio de un nuevo negocio directamente relacionado con la deforestación y la degradación del bosque chaqueño (Aguerre y Denegri, 1992).

La necesidad de diversificar la base productiva agrícola, reflejada a partir de la crisis, derivó en la introducción de nuevos cultivos que, juntamente con la explotación de los recursos forestales y con la actividad ganadera, constituyó una canasta todavía poco variada de actividades productivas del territorio. De cualquier modo, la inclusión de nuevas actividades fue mérito sólo de aquellos productores medianos y grandes con acceso a mejoras tecnológicas, frecuentemente relacionadas con la tenencia de maquinaria especializada, prácticas de manejo y rotaciones, uso de semillas seleccionadas, etc.

Los cereales y el girasol fueron protagonistas iniciales, aunque su inserción en el área alcanzó rápidamente un techo en su capacidad expansiva por razones ecológicas, en especial en lo referente al trigo.

De todos modos, el cultivo de algodón no agota su importancia en la década del 60: hacia  los  años  70  se  produjo  la  conjunción  de dos factores principales que dinamizaron nuevamente la expansión de este cultivo sobre terrenos cubiertos por montes (Morello y Solbrig, 1997). Uno de ellos fue de orden climático, el corrimiento hacia el oeste del límite agronómico de sequía; mientras que el otro, de orden sociopolítico, se fundó en los programas de fomento a través de la venta de tierras públicas y la adjudicación de créditos para el desarrollo de la frontera agropecuaria. Esta promoción tuvo su auge entre los años 1977 y 1981, y significó el avance hacia el oeste de los núcleos algodoneros de Sáenz Peña y Castelli.

Luego de los 80, una década de relativo estancamiento, durante los 90 la introducción de la cosechadora mecánica (vinculada a establecimientos productivos de mayor tamaño) y el aumento en los precios del algodón modificarían su rentabilidad relativa al resto de los cultivos y resultarían en un aumento de la superficie dedicada a este cultivo, llegando a un récord de producción en 1996 con 832.000 tn.

Sin embargo, una nueva baja en el precio interno del textil a partir de 1997, junto con la sucesión de años con acuciantes problemas climáticos y la competencia de las fibras artificiales reducirían una vez más su importancia sobre la superficie provincial.

En este contexto se introduce el proceso de ocupación actual del territorio chaqueño,caracterizado por el rápido incremento de la superficie cultivada con aquellos cultivos característicos de la región pampeana de mayor rentabilidad relativa, entre los cuales se destaca la soja, por la magnitud de su expansión. La superficie implantada en la provincia ha pasado de 674.322,2 hectáreas en 1988 a 969.399,3 hectáreas en 2002, lo que implica un incremento del 43% en la superficie implantada provincial.

Asimismo, en dicho período la soja pasó de representar el 25% de la superficie implantada (2008) al 50% (2002).  En la campaña 2003/04 la superficie provincial sembrada con el cultivo de algodón llegó a 160.000 ha, mientras que el cultivo de soja ocupó una superficie de 772.000 ha en la misma campaña. Esto estaría indicando que las modificaciones en la base productiva chaqueña consistirían en un proceso de sustitución del monocultivo de algodón por el monocultivo de soja en la región centro y oeste de la provincia, marcando el inicio de un nuevo ciclo económico una vez más caracterizado por la fuerte predominancia de un único cultivo.

La  predominante presencia  del cultivo  de soja en  ese nuevo marco, y el paquete tecnológico asociado a él promovió la modificación de la estructura agraria del territorio. Como lo señala Reboratti, la adopción del modelo de la gran empresa para la producción agropecuaria significa que, por la tecnología adoptada y el capital necesario para llevarla adelante, las superficies cultivadas deban alejarse bastante de los tamaños usuales. El cultivo de soja generó una rápida concentración de la tierra en la región pampeana y esa característica se trasladó a las nuevas zonas productoras del norte del país.

5.- Diferencias departamentales

Si bien la superficie productiva de la Provincia de Chaco creció casi un 11% entre los CNA 1988 y 2002 la cantidad de sus EAPs censados se redujo en un 5%, de acuerdo a la tendencia señalada hacia la concentración fundiaria.

Sin embargo, los cambios en el número de EAPs arroja resultados dispares si se analizan a nivel de Departamentos. En el caso de 9 de ellos se verifica un aumento de EAPs intercensal: Almirante Brown (62%), Bermejo (42%), General Güemes (122%), Independencia (3%), Libertad (53%), Quitilipi (4%), San Lorenzo (32%), Tapenagá (82%) y 25 de mayo (24%).

Puede establecerse una relación entre el avance de la agriculturización y la tendencia a la concentración fundiaria. Se puede observar en el Gráfico 3 que, de acuerdo a los datos censales, existe una relación directa entre la superficie implantada (cultivos, forrajeras y montes del CNA 2002) y la pérdida de EAPs en el período intercensal 1988-2002.

Es posible inferir que en el proceso de agriculturización en zonas marginales se atraviesa por una etapa inicial de fraccionamiento de establecimientos de gran tamaño que inicialmente contaban con menor productividad. A medida que se intensifica la agricultura, la tendencia que se observa es a la concentración fundiaria, buscando economías de escala.

No obstante, el indicador de “desconcentración” utilizado no permite observar la distribución de la superficie de los establecimientos por estratos de tamaño. Como puede observarse en el cuadro 3, varios de los departamentos señalados presentan una superficie relativa ocupada por establecimientos de más de 1000 ha mayor que el dato provincial, lo que representa un nivel de polarización más agudo que el global provincial.

Cuadro 3
Cantidad y superficie de las explotaciones agropecuarias con límites definidos de la Provincia de Chaco para los tamaños extremos.  Departamentos seleccionados. Según CNAs de 1988 y de 2002.


Fuente: Elaboración propia en base a los Censos Nacionales Agropecuarios de 1988 y de 2002 ( INDEC).

Si se calcula el porcentaje de la superficie productiva que se encuentra en formas de tenencia relacionadas con no propietarios interviniendo en la producción (arrendamientos, aparcerías, ocupación con permiso y sus combinaciones con la propiedad) encontramos que su valor crece desde el 35% según los datos censales de 1988 hasta el 47% en 2002. Este dato da cuenta de una forma de concentración fundiaria a través del uso (y no la propiedad) de la tierra. En efecto, la expansión de la superficie de tierra en distintas formas de alquiler revela que la reducción en el número de establecimientos se ve acompañado durante las últimas décadas por una difusión de formas de tenencia vinculadas a la producción agrícola (especialmente soja) por medio de estructura de negocios concentrados (pooles de siembra).

6.- Conclusiones

La evolución de la estructura fundiaria de la Provincia de Chaco durante los últimos 100 años responde en términos generales al patrón nacional caracterizado por dos etapas: una de desconcentración fundiaria, seguida por otra en sentido opuesto.

Sin embargo, algunos rasgos distintivos de la provincia incidieron dándole características propias al proceso de estos cambios estructurales.

  • La ocupación tardía del territorio determinó una intensa incorporación de tierras con fines productivos y subdivisión de campos.
  • Las políticas de colonización incidieron positivamente en esa etapa de “desconcentración” de la tierra.
  • El desarrollo del algodón, cultivo regional característico, estuvo asociado inicialmente a la situación de minifundios generalizada en su zona núcleo.
  • El corrimiento de las isohietas hacia el oeste determinó una agriculturización en base a cultivos pampeanos, de compleja incidencia en la estructura fundiaria, pero con una tendencia a la concentración en la medida que los esquemas productivos se basan en mayor medida en el cultivo de soja.

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  • Valenzuela de Mari C. (1998) “Ganadería y estancias en Chaco y Formosa (1888-1998)”. Cuadernos de Geohistoria Regional Nº35, Instituto de Investigaciones Geohistóricas. Resistencia, Chaco.

[1] Jefe de Trabajos Prácticos de la Cátedra de Economía General; Departamento de Economía, Desarrollo y Planeamiento Agrícola; Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

[2] Vale aclarar que en Argentina los censos agropecuarios subestiman la concentración de la propiedad de la tierra, ya que la unidad censal es el establecimiento o la explotación agropecuaria, lo que implica que no pueda identificarse a los productores que posean más de una explotación.

[3]  En el caso del CNA 2008 los datos con los que se cuenta son aún preliminares.

 

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