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¿Sustentabilidad vs. rentabilidad?
Lic. Lucia Longo de Tomasini - Directora de la
Licenciatura en Economía y Administración Agrarias
En los últimos días uno de los temas que más ha concitado
la polémica es el de la tala de bosques para dar paso a la agricultura
en la región chaqueña. Las posiciones parecen, por el tono, bastante
irreconciliables. La importancia de lo que cada grupo defiende merece
sin duda, tanto fervor.
El proceso de agriculturización que se está viviendo
en la Argentina por estos años es posiblemente el más fuerte de
las últimas décadas. Los motivos son bien conocidos: altos precios
agrícolas, especialmente para la soja, y buenas perspectivas en
mercados internacionales son razones para conquistar territorios
ocupados por bosque nativo, “degradado” y “sin valor económico”. Por
el otro lado se defiende a ultranza la conservación del bosque y
parece que el único argumento es la preservación de su mera existencia.
Desde algún punto de vista ambos grupos tienen razón
y motivos suficientes para creer que están en lo correcto. Solo
se trata de un problema de dimensiones. Cuando se toman decisiones
empresariales, microeconómicas, se lo hace desde la lógica del mercado.
Esa lógica tiende a movilizar y asignar recursos dentro de la economía
en función de encontrar la mejor tasa de rentabilidad del capital
invertido, y asegurar el desarrollo de la empresa en su conjunto.
Este comportamiento lleva a explorar cuál es el mejor negocio para
la empresa, objetivo válido desde el punto de vista privado aunque
para muchos también conveniente, por sumatoria, desde el punto de
vista social. Con la certeza de que si cada empresa hace lo que
le resulta más conveniente inevitablemente el efecto multiplicador
se derramará sobre el resto del sistema. Los defensores de esta
postura auguran más empleo, más exportaciones, más recaudación de
impuestos, en síntesis un mayor bienestar para todos.
Quienes alertan sobre el peligro del avance de la
agricultura sobre el bosque lo hacen resguardando intereses “más
difusos” pero no por ello menos legítimos. En los últimos años la
mayor conciencia ambiental se manifiesta en una activa toma de posición
como forma de darle voz tanto a quienes no pueden hacerlo por desconocimiento
o debilidad, como a las generaciones venideras que inevitablemente
cargarán con las consecuencias de lo que hagamos ahora. Y motivos
no les falta.
La República Argentina ocupa más del 80% de su territorio
con actividades agrícolas, ganaderas y forestales, generando un
impacto importante en la base de sus recursos naturales, que se
expresa en la actualidad con más de 60.000.000 de hectáreas sujetas
a procesos erosivos de moderados a graves. Cada año se agregan 650.000
ha, con distintos grados de erosión. El Chaco semiárido (32.000.000
de ha) gran planicie ubicada en el centro norte del país, presenta
un ecosistema con vocación forestal sujeto a desmonte masivo asociado
a la expansión de la agricultura, que expone los suelos a las precipitaciones
y temperaturas extremas, generando pérdidas en la fertilidad, deficiencia
hídrica, y consecuentes procesos erosivos. La dramática disminución
de las formaciones boscosas de la Argentina ha acompañado a la desertificación.
En los últimos 75 años la reducción de la superficie forestal natural,
por efecto de la explotación con objeto maderero y energético, sobrepastoreo
y el desmonte para la ganadería y la agricultura, alcanzó el 66%
(mayoritariamente en las zonas secas del país) de su superficie
original. [1]
No obstante el desarrollo económico a través del
fortalecimiento del sector privado y de las señales del mercado,
tanto como la minimización de la intervención estatal, implican
una adaptación de la economía agropecuaria nacional de acuerdo con
sus ventajas comparativas. Esta situación puede profundizar aún
más la presión y el deterioro de los ecosistemas de zonas frágiles,
como está sucediendo con los procesos de expansión de la agricultura
en la región chaqueña.
Hasta aquí parece que el avance de la frontera agrícola
es incompatible con la conservación de los recursos naturales, y
que en general una postura a favor del respeto al ambiente es inconciliable
con metas de aumento en la producción y en la productividad.
Por esta razón los que hacemos Apuntes Agroeconómicos
hemos dedicado este número a saber un poco más de este fenómeno
sobre el que tanto se debate, pero no mucho se conoce: el avance
de la frontera agrícola en la región chaqueña. Nuestra expectativa
es la de difundir información relevante respecto de la economía
de las provincias involucradas, del proceso de avance en sí y de
las cuestiones ambientales y climáticas implicadas en el análisis.
Quienes sostenemos que la
única forma de desarrollo posible es el sustentable lo hacemos desde
el convencimiento que es posible encontrar puntos de acuerdos entre
objetivos de rentabilidad, a través de la producción y objetivos
ambientales, a través de la conservación. El desafío está lanzado
fundamentalmente hacia los investigadores económicos y sociales
que deberán explorar y validar la forma de poner en valor las metas
tanto ecológicas como sociales. Pero le corresponderá al Estado,
nacional o provincial, identificar instrumentos de política capaces
de evitar, revertir o mitigar los efectos negativos asociados al
proceso de expansión de la frontera. Así también debe avanzarse
hacia la formulación de leyes de ordenamiento territorial tendientes
a establecer la aptitud potencial de las tierras, consensuando criterios
para la habilitación de nuevas tierras y la promoción de normas
sustentables de manejo que impliquen un progreso en los sistemas
productivos.
[1] UBACyT G059: POLÍTICA AMBIENTAL ARGENTINA
Y SOSTENIBILIDAD AGROPECUARIA EN EL CONTEXTO ECONÓMICO GLOBAL:
un análisis para la provincia del Chaco
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