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Expansión de la frontera agropecuaria
María Marta Di Paola [1]
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Desmonte para producción
agrícola
Foto: V. Failde |
La base de producción agrícola se modificó en los
últimos años como consecuencia de la evolución de los precios relativos
de los productos y el margen neto de las diferentes actividades.
Esta situación, sumada al incremento de las precipitaciones medias
anuales, el desarrollo genético de nuevas variedades y los avances
observados en la tecnología de siembra y protección de los cultivos,
produjo un corrimiento de la frontera agrícola chaqueña hacia el
Oeste y generó un notorio incremento del área cultivada con soja,
girasol, trigo y maíz, con el detrimiento respectivo del cultivo
de algodón.
El objetivo del presente trabajo es conocer el proceso
a partir del cual se produjo dicha expansión de la frontera agropecuaria
en la región Chaqueña.
Introducción
Según el INTA: La interfase entre tierras manejadas,
donde el sistema está motorizado por la energía del combustible,
y los ecosistemas naturales, en los que la fuente de energía es
la radiación solar, es lo que tradicionalmente se llama frontera.
La frontera agropecuaria se ubica entre las tierras agrícolo-ganaderas
y los ecosistemas naturales que las rodean.
El territorio argentino muestra una gran heterogeneidad
interna, consecuencia de su gran extensión latitudinal superpuesta
a su posición en relación con las masas oceánicas y la cordillera.
Se pueden destacar varios gradientes, que generan una asimetría
productiva y socioeconómica a través de la historia.
Esta heterogeneidad brinda amplias posibilidades
de diversificación de la producción, tanto en relación a los tipo
de recursos como a su forma de utilizarlos. Sin embargo, el modo
de ocupación de la tierra y apropiación de los recursos ha generado
la más notable de las asimetrías, como es el de una subregión hegemónica
(la región pampeana), con monopolio de las ventajas económicas y
sociales, en contraste con un interior supeditado a lo acaecido
en el centro, del cual provienen en 90% de las exportaciones (Matteucci
y Morello, 2003).
En cuanto a los suelos agrícolas, la oferta natural
surge de la combinación de suelos fértiles y precipitaciones adecuadas
en un tercio de su territorio. En el orden mundial nuestro país
ocupa el octavo lugar en cuanto a superficie de tierras cultivadas
(35.750.000 ha); el tercero en cuanto a tierras cultivadas per capita
(1.12 ha) y decimoquinto en superficie bajo riego. Esto ha influido
en la instalación permanente de frentes dinámicos de avance de la
frontera agrícola, con distinta racionalidad a lo largo de nuestra
historia.
En el ámbito regional, la planicie centrochaqueña
ha sido desde siempre el área algodonera por excelencia alrededor
de la cual se hacía el monocultivo (Quitilipi - Sáenz Peña - Villa
Angela y Las Breñas) coincidiendo con el espacio donde los montos
pluviométricos oscilan entre los 700 y 1000 mm anuales, degradándose
dicha área hacia el occidente, fundamentalmente a causa del incremento
de la aridez. Esta situación ha ido cambiando en los últimos años,
como consecuencia del aumento de las lluvias en la región.
Varios han sido los factores que determinaron la
ampliación del área algodonera, entre ellos podemos mencionar por
ejemplo al aumento de las precipitaciones las cuales permitieron
sembrar en áreas que antes solo se podían lograr bajo riego; la
reducción de los precios de los productos químicos, la implementación
de tecnología y dentro de ella la mecanización de la cosecha; este
incremento en la extensión del área algodonera ha trascendido los
límites del Chaco y abarcó ciertos departamentos del Este de la
provincia de Santiago del Estero.
Actualmente hay más de 9 millones de hectáreas de
las ecorregiones Pampa y Gran
Chaco, donde se hace doble cultivo en secano
con la más alta tecnificación (agroquímicos, semilla mejorada, maquinaria)
en un modelo sofisticado con un fuerte componente de insumos importados
pero sin incorporar masivamente ni riego suplementario ni fertilización.
El proceso dominante que ha llevado a este estado actual se desencadenó
hacia la década de los '60 y ha sido el paso de la agroganadería
en rotaciones de 12 años a la agricultura permanente. Más tarde,
se produce el pasaje de una agricultura predominantemente cerealera
a la combinación cereales
y oleaginosas
con una tendencia actual a la producción exclusiva de oleaginosas
(soja y canola),
en dos cultivos al año o tres en dos años. En el Chaco
semiárido las multinacionales están operando desde 1994 con
desmonte, habilitación de tierra y doble cultivo (algodón/soja)
bajo riego.
Con relación a la aptitud productiva de los suelos
de la región, el 16,4% tiene aptitud agrícola y 15,7 % agrícola–ganadera;
esto indica que alrededor del 30 % de la superficie considerada,
presenta condiciones para la producción agropecuaria. El área restante
(67,9%) está integrada por suelos ganaderos con diferentes índices
de receptividad y forestales, con cobertura nativa, con distintos
grados de explotación y conservación. Alrededor de 4 millones de
hectáreas presentan anegamiento total o parcial; el destino de estas
superficies es la ganadería. Tanto para la provincia del Chaco como
para la de Formosa, la principal actividad agrícola está vinculada
con el cultivo del algodón. En la primera también tienen relevancia
los cereales (arroz - trigo - maíz) y algunas oleaginosas (girasol
- soja). Por su parte en Formosa se complementa el cultivo del textil
con algunos de los cereales y oleaginosas citados, pero con cierta
preponderancia del arroz.
Cuadro
1:
Evolución histórica
El corrimiento de la frontera agropecuaria tuvo a
diversos cultivos como actores principales a lo largo de las últimas
décadas.
La hegemonía pampeana, impulsada por una serie de
circunstancias extrarregionales, produjo profundos desequilibrios
regionales, originando un modelo de dependencia centro-periferia
que ejerce una enorme influencia sobre los tipos de uso de la tierra
y el manejo ambiental de las regiones extrapampeanas. Esto se manifiesta
en el avance de la frontera agropecuaria hacia el Norte, como consecuencia
de la agriculturización y de la sojización, con el desmonte de bosque
natural y el traspaso acrítico de los paquetes tecnológicos pampeanos
a las ecorregiones tropicales-subtropicales.
El período de expansión del cultivo del algodón,
generó, a comienzos de la década del 60’, una sobreoferta de fibra
de un 30 a 40% superior a la demanda, con la consecuente caída de
los precios, que desembocó en una crisis de la estructura agraria.
Por lo demás la aparición de las fibras sintéticas generó un marco
de competencia difícil de sobrellevar. De tal manera que se acumularon
toneladas de algodón sin destino, a la vez la baja calidad de la
fibra encontraba límites para su exportación.
En esa época, se destaca la gran importancia de las
explotaciones en tierras fiscales: cerca del 70% del total de las
explotaciones y algo más de la mitad de su superficie total. En
ellas trabajaban poco más de los dos tercios de la mano de obra
permanente. Se observa también que la tierra fiscal estaba ocupada
casi exclusivamente por explotaciones familiares y subfamiliares,
ya que las multifamillares abarcan solo el 5% de la superficie de
aquella.
En resumen, las tendencias que se aprecian a partir
del censo de 1960 en materia de tamaño y tenencia, serían:
i. Un proceso regresivo de distribución de tierras.
ii. Un aumento del número de explotaciones.
iii. Un aumento de las unidades de propiedad del productor y
una paralela disminución de las explotaciones en tierras fiscales,
a pesar de lo cual el peso relativo de estas ultimas sigue siendo
de consideración.
Así el grueso de las explotaciones agrícolas se dedicaba
al algodón y a su vez el grueso de las explotaciones algodoneras
con superficies menores a las 25 ha.
La crisis algodonera disminuyó el empleo de la mano
de obra transitoria ya que los cultivos que reemplazan al algodón
no la requieren con la misma intensidad que ésta.
Debido a que la orientación de la producción dependió
esencialmente del interés por obtener ganancias altas en corto plazo,
nunca se les aplico un tratamiento silvopastoril
que, sobre la base del capital forestal virgen existente, previera
su aprovechamiento futuro.
Ello determinó no solo la extracción del beneficio
proveniente de la unidad en aprovechamiento, sino la destrucción
del capital boscoso que la producía, ignorándose criterios ecológicos-conservacionistas
compatibles con una explotación racional. Dentro del contexto del
país, especialmente para algunas cadenas productivas, el NOA presenta
una importante potencialidad de crecimiento horizontal y vertical,
a través de la incorporación de nuevas tierras y de la intensificación
de la producción por aplicación de tecnología. En este proceso intervinieron
e intervendrán sectores productivos locales e inversores externos.
Ejemplo de lo anterior, es el trabajo de dos empresas privadas que
han encarado en el Chaco tareas de desmonte empleando maquinarias
pesadas específicas de capitales extranjeros: Noetinger y Comega,
que realizan el desmonte como una actividad complementaria a fin
de recuperar tierras aptas para la ganadería y la agricultura.
La degradación ha llegado a producir un desequilibrio
de tal magnitud que ha favorecido la proliferación de especies no
deseables económicamente (OAS, 2004)
Los productores algodoneros han afrontado en la ultima
década serios problemas debidos a una disminución del consumo de
fibra, que se mantenía en el año 1972 al nivel de 1951. Esto se
debió fundamentalmente a la irrupción en el mercado nacional de
la producción de fibras sintéticas y a una tendencia regresiva en
la distribución del ingreso, que provocó una caída en la demanda
de productos de consumo masivo.
El impacto de estos hechos en las provincias de Chaco
y Formosa resulta obvio, si se tiene en cuenta que entre ambas proveen
el 70% de la producción total del país
El algodón nacional es de baja calidad y su fibra
de reducida longitud; esta circunstancia lo coloca en situación
desventajosa frente a los grandes exportadores mundiales. Además,
los altos costos de producción determinan precios internos que,
a las tasas de cambio vigentes, resultan notoriamente superiores
a los del mercado internacional de fibra.
El marcado predominio de
las pequeñas explotaciones hace que la oferta de algodón
en bruto, atomizada, enfrente una demanda de características
oligopsónicas.
Esto los coloca en situación dominante en la determinación de los
precios. La industrialización de la fibra se realiza casi íntegramente
fuera de la región, en las proximidades de los grandes centros de
consumo; por tanto, la mayor proporción del valor agregado se genera
fuera del área.
Por su parte las grandes empresas comercializadoras
hacen valer su capacidad financiera pagando al productor al contado,
de acuerdo con el precio vigente en el momento de la transacción.
Sí el productor se ve forzado a vender para poder culminar la cosecha
y hacer frente a sus costos, esto determinará una sobreoferta inicial
que tiende a deprimir los precios por debajo del nivel medio.
El pequeño productor, predominante en el área, apenas
logra superar sus costos de subsistencia. Es por lo tanto sensible
a cualquier reducción de los precios. Su escaso poder de negociación
no es problema para los compradores ligados a las grandes firmas
industriales, a través de las que obtienen el mayor beneficio.
Desde 1976Los principales efectos de la política
económica sobre la economía chaqueña fueron el endeudamiento y descapitalización
del sector agropecuario, una mayor concentración de tierras y el
crecimiento de una parte del sector en detrimento de los pequeños
y medianos productores. Este panorama del sector agropecuario motivó
a las autoridades nacionales y provinciales a proponer un proceso
de reactivación, reorganización agraria del Chaco, con el objetivo
de ampliar y mejorar empresas con la adopción de tecnologías.
(INTA, 1980)
Al aumentar la superficie dedicada al doble cultivo
en la pampa, la actividad ganadera se fue trasladando al Chaco y
al semiárido pampeano. Desde 1976 en adelante, el Chaco semiárido
fue desmontado para recibir crecientes demandas de cría vacuna con
y sin implantación de pasturas.
En los ‘80 había en el Noroeste una frontera agrícola en tierra
con posibilidad de agricultura de secano y otra dominantemente ganadera
en el Chaco semiárido cuyo ejemplo clásico fue el programa Chaco
Puede, motorizado por el proceso militar, que avanzó sobre el bosque
semiárido.
Paralelo a esta acción del gobierno, el INTA comenzó
a ofrecer nuevas alternativas disponibles a través de la presentación
de un importante “paquete tecnológico”, que propuso una mayor
eficiencia en el uso de los recursos disponibles. Este ordenamiento
tecnológico incluye la utilización de simiente de calidad biológica
y mecánica. (INTA, 1980). Es decir, una lista de recursos, que
incluye tanto maquinarias y herramientas de laboreo, como la utilización
de agroquímicos (pesticidas, herbicidas, plaguicidas) y el tratamiento
de nuevas semillas incorporados en el espacio chaqueño con mayores
perspectivas. Así, se busca mejorar el aspecto poblacional, lograr
la calidad y los rendimientos esperados.
Este “paquete” involucra la utilización de mejores
cultivares y prácticas culturales, que incluyen nuevas tierras destinadas
para este cultivo y la selección de ambientes adecuados. Sin embargo,
por intermedio del INTA, se había mejorado la calidad de los cultivares
de algodón a través de los adelantos realizados en genética. Mientras
que en menor grado, se encuentran los adelantos en las prácticas
culturales y la selección de mejores ambientes. Por ende, las mayores
deficiencias pasan por las prácticas primitivas, tradicionales de
cultivos, que junto con la inaptitud de los ambientes llevan a bajos
rendimientos, originando posteriormente el deterioro de suelos por
erosión. (INTA, 1980 y 1991)
El avance de la frontera agrícola en el Chaco en
la década de 1970-80 aceleró el desmonte de grandes extensiones
de bosques y arbustales. Actualmente, ha adquirido la modalidad
de inmensas perforaciones de 6 a 12.000 hectáreas desmontadas totalmente
en una matriz de quebrachal semiárido, en las que se practica doble
cultivo bajo riego, de muy alto insumo y moderno paquete tecnológico,
en Salta, Chaco y Formosa.
A partir de la aplicación de la Ley de Convertibilidad,
si bien el sector agropecuario provincial se encuentra apoyado en
materia de asistencia técnica ofrecida a través del programa Cambio
Rural, los importantes logros tecnológicos productivos y las facilidades
que goza el productor con las financiaciones para la adquisición
de maquinarias, el endeudamiento de los productores continúa, los
gastos fijos han aumentado, la presión efectiva se incrementó (por
las mejoras en el sistema de recaudación), los créditos siguen sujetos
a altas tasas de interés, y se evidenció más el éxodo rural. Quedó
demostrada la ampliación de la distancia entre los grandes productores
en crecimiento y los pequeños productores en retroceso. Esto a la
vez señala la brecha económica, tecnológica y social en el ámbito
de la provincia. (Mstrio de la Producción de Chaco, 1995).
Sin embargo es preciso destacar que a partir de 1995
se ha incorporado un elemento, que no estuvo presente en los años
anteriores. En efecto, siguiendo a las necesidades del productor,
en la adquisición de combustibles, lubricantes y semillas y tomando
conciencia en que debe avanzar en la modernización de su empresa
agropecuaria incorporando tecnología, se le brinda ahora la posibilidad
de adquirir bienes de capital, como tractores, maquinarias e implementos
agrícolas con créditos avalados por el Estado provincial. Esto se
considera como necesario para la renovación del parque de maquinarias
existente, en su mayoría antiguas y para avanzar en el logro del
objetivo referido a la reconversión productiva: aumentar la producción
y reducir costos para insertarse en nuevos mercados resultantes
del Mercosur, por medio de la incorporación tecnológica.
Ya en los noventas la producción de las pequeñas
explotaciones se volvió insuficiente para hacer económicamente rentable
la actividad, razón por la cual se hizo necesario contar con superficies
más grandes para producir en escala, bajar los costos y aumentar
la rentabilidad. Esto hizo que la mecanización de la actividad fuese
la clave para permitir la recolección de una producción considerablemente
más importante.
Actualmente a nivel internacional, la situación y
perspectivas del mercado mundial de fibra de algodón esta siendo
afectada por la sobreoferta y el reemplazo por otros productos,
lo que ha llevado a los precios a la baja y a un aumento en la debilidad
de la demanda. Por otra parte, los rendimientos medios mundiales
de algodón no han aumentado desde 91/92 en los principales países
productores, problema que también presenta la producción nacional.
Dado los menores precios y los rendimientos estáticos, surge la
necesidad de reducir los costos de producción para mantener los
ingresos del productor. Finalmente se destaca que el algodón continúa
perdiendo competitividad frente a otras fibras naturales y artificiales
(Ministerio de producción de Chaco, 2004), disminuyendo su participación
en el mercado de los textiles del 50% en el 87 a un 43% en el 97.
Si bien sigue constituyendo la fibra textil más importante, resulta
esencial mantener o mejorar su posición en el mercado, para lo que
será necesario incrementar los rendimientos, mejorar la calidad,
reducir los cotos de producción y promover el uso de la fibra de
algodón.
El desarrollo productivo del sector agrícola durante
el período 1990/91-1998/99 indica que el algodón ha sido
el cultivo más importante de la región. Sin embargo presenta serias
fluctuaciones a lo largo de estos años, ya sea en la superficie
sembrada como en la producción.
Las expectativas de precios y la disponibilidad de
créditos han sido los principales determinantes del área sembrada.
Condiciones climáticas poco favorables para el cultivo, en determinados
períodos fenológicos, y severas inundaciones en la región, son responsables
de la alta variabilidad de la producción durante el período en cuestión.
En la última década se ha podido apreciar la incorporación de tecnología
en el sector primario de la cadena de algodón, tales como la cosecha
mecánica, el uso del modulado, la siembra directa y los cultivares
transgénicos, aunque de manera incipiente en la actualidad. l sector
de primera transformación también ha presentado un crecimiento relevante
en el número de desmotadoras instaladas, de alta capacidad, de más
de 20 fardos/hora.
Con el motivo de la crisis del algodón se fueron
incorporando cultivos de cereales y oleaginosas. Se inició así una
nueva expansión de la frontera agropecuaria fundamentada en la diversificación
productiva, también llamada “pampeanización”, debido a la implantación
de cultivos de tipo pampeano como trigo, maíz, girasol, soja, y
sorgo, aunque también se incorporaron cultivos extrapampeanos como
tabaco, arroz, nuevas hortalizas y forestación.
Aparte En numerosas comunidades extrapampeanas, existe
como consecuencia de la sojización, una importante generación de
renta económica, pero esto se da generalmente en manos de unos pocos,
considerados "grandes" y que sistemáticamente trasladan
los recursos generados hacia fuera de la región donde se originan;
en consecuencia la calidad de vida –indicador clave en el desarrollo–
de los habitantes del lugar no mejora significativamente y las zonas
rurales se siguen despoblando.
En general los predios productivos de la región Chaqueña
tienen suelos degradados, donde el algodón es el principal cultivo
de renta, siguiendo en orden de importancia la horticultura, con
batata y mandioca. Poseen equipos de herramientas con tracción a
sangre, con baja aplicación de tecnología y mano de obra familiar.
Como alternativa productiva cuentan con la huerta familiar que se
complementa con la producción de leche, pollos caseros, huevos y
la existencia de algunos bovinos. La comercialización del algodón
se realiza a nivel local, a través de acopiadores y almaceneros,
de quienes dependen para el financiamiento, no sólo de insumos sino
de productos para la subsistencia.
Sin embargo luego de la crisis algodonera, se intensificó
la producción de otros cultivos, aún así el algodón sigue siendo
el cultivo por excelencia y constituye un pilar fundamental en la
economía provincial.
La soja
tipo “primavera” y los nuevos cultivares de maíz han logrado
un mejor comportamiento y adaptación con germoplasma
tropical y de otros grupos, que han potenciado el incremento
del área sembrada. La siembra directa y los materiales genéticamente
modificados, favorecieron aún más la posibilidad de los mismos en
la región.
El trigo adquirió cierta relevancia por “efecto
arrastre”, al utilizarse como cultivo previo a la soja, de cara
a la cobertura vegetal necesaria para la siembra directa. En general
hubo pérdida de interés por el girasol y el sorgo granífero, aunque
en los últimos tres años, éste último cultivo ha crecido en importancia
para el uso ganadero.
Ante la imposibilidad inmediata de mejorar la competitividad
de las cadenas productivas regionales, se podría esperar situaciones
futuras de mayor nivel de pobreza general, con alta concentración
de población en los principales centros urbanos, y acentuándose
la característica de provincias netamente expulsora de habitantes.
Considerando la diversidad ambiental de la región,
así como la fragilidad de sus ecosistemas, los problemas relacionados
con los recursos naturales son: degradación de los montes y de los
pastizales naturales; inadecuados sistemas de desmonte, uso irracional
del fuego, degradación de suelos, agotamiento y/o pérdida de fertilidad,
deficiente manejo de las cuencas hidrográficas y deterioro de la
fauna.
El escenario de la década de los ´90 obligó a los
actores económicos del sector a la realización de grandes esfuerzos
de adaptación y reconversión tecnológica- productiva, comercial
y organizacional. Algunos consiguieron adecuarse a las reglas de
juego y están accediendo a nuevas formas de producir, comercializar
y hacer negocios en la región. Muchos de los que no lo han logrado
se vieron obligados a salir del sistema.
La mano de obra, especialmente en la cosecha del
cultivo de algodón, ha pasado en los últimos diez años de un requerimiento
del 80% para la cosecha manual al 20 % de la actualidad, por mecanización
de la cosecha. Esta incorporación de tecnología y la marcada disminución
de los derivados del sistema forestal, redujeron a la mínima expresión
la genuina ocupación.
En 2002, se comenzaron a alinear en sentido favorable
dos variables clave de la ecuación de rentabilidad del sector agrícola:
los precios internacionales y los precios relativos internos.
Fruto de bajos stocks internacionales de cereales
y granos, problemas climáticos en Estados Unidos y Europa, y una
demanda mundial sostenida de estos productos, el precio internacional
de los principales commodities agrícolas que produce la Argentina
(soja, Maíz, Trigo y Girasol), revirtió la tendencia bajista de
1999 y 2001, y recuperó gran parte del terreno perdido. Simultaneo
al “viento a favor” internacional, la devaluación de 2002 y
el consecuente acomodamiento de los precios y costos internos
mejoró la posición relativa de los sectores productores de bienes
transables. La ecuación ingresos - costos del sector agrícola no
escapó a esa circunstancia. A pesar del esquema de retenciones a
las exportaciones que el Gobierno puso en marcha en marzo / abril
de 2002, el precio de las principales semillas y granos que produce
Argentina subió más que los costos de producción e insumos que enfrenta
el sector (combustible, salario, agroquímicos y maquinaria).
Un nuevo proceso de de expansión de la frontera
productiva agrícola, que llevó los niveles de producción, productividad
y utilización de los recursos tierra y capital a marcar nuevos récords.
SeguidoLa incorporación de tecnología posibilitó
la obtención de mejores rendimientos en zonas marginales, y la mejora
en los precios internacionales junto con la baja en el costo de
algunos agroquímicos básicos bajó varios escalones el “rinde de
indiferencia” por debajo del cual la actividad no es viable. Es
decir que en zonas donde antes no era rentable producir, ahora con
las nuevas tecnologías y los menores costos para la soja, sí lo
es.
El aumento del peso del complejo sojero, tiene origen
en ventajas naturales pero también en inversión. En la última década,
el sector duplicó capacidad con inversiones en nuevas plantas, infraestructura
logística de almacenamiento y de líneas de refinado, que rondan
los 500 millones de dólares.
Efectos sobre la tenencia de la tierra
Existe un fuerte predominio de pequeños productores
y minifundistas. Este sector se vio incrementado por la caída de
escala de PyME´s por una disminución en sus ingresos, y al mismo
tiempo una importante cantidad de pequeños productores y minifundistas
perdieron su condición de productores y emigraron del sector rural.
Alrededor de un 35 % de los que aún se mantienen en el sistema productivo
fueron y siguen siendo asistidos por los Programas de Minifundio,
Programa Social Agropecuario y Prohuerta y mantienen esperanzas
y perspectivas de integrarse más fuertemente. También hay un importante
sector de pequeñas y medianas empresas que iniciaron procesos de
reconversión a través de la incorporación de tecnologías y de la
integración vertical y horizontal, que les permitió mejorar sus
escalas tecnológicas, productivas y comerciales y mantener una importante
expectativa de consolidación hacia el futuro. Un 25 % de estas pequeñas
y medianas empresas fueron y siguen siendo asistidas a través del
Programa Cambio Rural.
Además, se produce la incorporación al sector productivo
de importantes capitales locales, nacionales e internacionales que
comienzan a operar en la producción y transformación agropecuaria.
Es importante destacar la presencia en la zona de
megaproducciones que alcanzan las 10 mil hectáreas lo llevaron a
la desaparición del pequeño productor del circuito productivo, ante
la imposibilidad competitiva y de lograr rentabilidad debido a la
escasez de tierra para cultivar.
Los crónicos déficit de red caminera, electrificación
rural, centros educacionales y de salud, entre otros, coadyuvaron
a la disminución del número de explotaciones agropecuarias debido
principalmente a la falta de mantenimiento. Los Censos Nacionales
Agropecuarios muestran que entre los años 1988 y 2002 en nuestro
país desaparecieron 103.405 explotaciones (24.5 %) y la superficie
promedio de las unidades productivas se elevó de 421 a 538 hectáreas.
Así se generaron condiciones que facilitaron modelos productivos
en torno del cultivo de la soja. Estos hechos favorecieron la concentración
de la tierra, pues naturalmente se busca ampliar la escala para
reducir los costos. A su vez, la expansión de la frontera agropecuaria
hizo que muchos campesinos con tenencia precaria de la tierra fueran
expulsados.
Factores que provocaron el corrimiento de la
frontera
Se sostiene que la expansión de la frontera agropecuaria,
desde los tradicionales núcleos algodoneros de la planicie centrochaqueña
hacia el occidente, alcanzando el área de secano de la provincia
de Santiago del Estero, produjo cambios en la estructura productiva
de las explotaciones agropecuarias, con el objeto de lograr escala
en la producción agrícola. Dicha estructura productiva asociada
a la expansión de la frontera agropecuaria está caracterizada, en
la actualidad, por las unidades de explotación empresarial, que
utilizan mayor capital, mayor superficie y ocupan trabajadores especializados
para la realización de diferentes tareas agropecuarias. Con respecto
a estas formas de encarar la actividad agropecuaria, el pequeño
productor se halla imposibilitado de usar tecnología e insumos que
hagan actualmente rentable, el trabajo del campo.
Los procesos que condujeron la configuración de la
estructura regional Argentina, dieron como resultado una conformación
espacial desigual, de acuerdo al grado de penetración, implantación
y difusión del sistema de relaciones económico-sociales capitalista
en el espacio nacional. De este modo se originaron áreas diferenciadas,
por un lado las más desarrolladas, que concentraron históricamente
gran parte de la actividad y potencial económico (área metropolitana
y otros polos menores como ser Santa Fe, Córdoba) y por otra parte,
el resto del país, con características de marginalidad y en algunos
casos de extrema pobreza. (Pertile, 2004).
Todo proceso de expansión
de la frontera agrícola comienza con un cultivo muy bien cotizado
-como hoy es la soja y ayer fue el algodón- que lleva a la gente
a sembrarlos hasta sitios que en otros momentos hubiesen sido dejados
de lado.
La expansión sojera se logro en parte a partir de
la incorporación de nuevas tierras, pero también por sustitución
de otros cultivos y actividades que descendieron durante las ultimas
6 campañas. La superficie cultivada con algodón disminuyo un 83%.
El aumento del peso del complejo sojero, tiene origen
en ventajas naturales pero también en inversión. En la ultima década
el sector duplico la capacidad con inversiones en nuevas plantas,
infraestructura logística de almacenamiento y de líneas de refinado
que rondan los 500 millones de dólares. En términos fiscales globales,
su peso tampoco es menor. La Fundación para el Cambio estimó en
el año 2003 represento el 7.5% de la recaudación tributaria a trabes
de los derechos a las exportaciones, alrededor de 600 millones de
pesos mas destinados al plan Jefes y Jefas de Hogar.
El crecimiento de la soja y sus derivados en la Argentina
en los últimos 30 años se ha constituido en un fenómeno trascendente
y fundamental para el país, tanto desde el punto de vista económico
como social. Para la campaña 2002/03, la soja representó más del
50% del total de los granos producidos, considerando los cinco cultivos
mas difundidos en la pampa húmeda.
La orientación exportadora llevó al complejo sojero
a concentrar el 24% de las exportaciones durante el primer semestre
del año 2003. Este porcentaje equivale a 3.500 millones de dólares
que sirvieron para estabilizar el mercado cambiario y mejorar los
ingresos fiscales del Estado Nacional; esto anualizado representa
una cifra aproximada a los 7.000 millones de dólares.
Lo anterior implica que el sector agropecuario, especialmente
en la pampa húmeda, ha tornado hacia un modelo de "especialización
sojera" , que se expande rápidamente hacia regiones extrapampeanas,
al que muchos definen como el proceso de "sojización",
y el nuevo paradigma de la agricultura argentina basado en los materiales
transgénicos y la siembra directa.
Múltiples factores han incidido para que esto ocurra.
Como se ha mencionado anteriormente existe un mercado muy firme
para la exportación de soja y sus derivados y sin signos de saturación
al menos en el corto plazo; además, la variación en el tipo de cambio
ha impactado favorablemente sobre la renta de los sistemas agrícolas.
Por otra parte, y no menos importante existía previo a la manifestación
de este fenómeno, un desarrollo de técnicas de producción innovadoras
de la soja que facilitaron y eficientizaron el proceso, profundizando
aún más las "asimetrías tecnológicas" respectos a cultivos
alternativos tales como el maíz, el sorgo y el algodón entre otros.
Estas asimetrías tecnológicas son las que definen
el nivel de "dificultades en la gestión productiva, logística,
comercial y financiera" en una actividad agrícola determinada;
y estos factores son críticos al momento de utilizar estrategias
que permitan a los empresarios apropiarse de beneficios por bajas
en los costos que emergen de la factibilidad de aprovechar el "efecto
escala" y/o el "efecto tamaño" en las empresas.
En estas estrategias el "modelo soja" está demostrando
ser imbatible. Hay que imaginar el diferencial de esfuerzos de gerenciamiento
que significa por ejemplo producir, cosechar, transportar y vender
la producción de 1.000 ha de soja vs. 1.000 ha de otra producción
alternativa. Esto ayudaría a explicar por qué ante situaciones en
que los márgenes brutos de otras producciones puedan ser mayores
a los de la soja, y a riesgos productivos y comerciales similares,
los productores rurales –sobre todos aquellos considerados grandes–
deciden sembrar soja (INTA, 2004).
Por lo tanto, la caída de los precios al productor
tuvo su correlato en el alto índice de endeudamiento de este sector
y la desaparición del crédito. La falta de capital operativo y el
auge del cultivo de la soja a partir de la adopción de cultivares
transgenicos provoco un abrupto desplazamiento hacia dicho cultivo
que requería menores erogaciones iniciales y presentaba un esquema
de comercialización menos riesgoso (precios a futuro y transparencia
de mercado. La expansión de la superficie con soja fue casi un calco
de la retracción del cultivo del algodón.
Cuadro 2.
Causales más importantes que han favorecido el proceso de monocultivo
de soja.
|
FACTORES
|
CAUSALES
|
|
Económicos-Financieros
|
- Mayor rentabilidad financiera y de rápida
rotación.
- Menor complejidad y riesgo que otros cultivos.
- Altas posibilidades de arrendamientos de
campos.
|
|
Comerciales
|
- Alta demanda internacional de soja. (Se
vende todo lo que se produce).
|
|
Tecnológicos
|
- Facilidad para hacer escala.
- Conocimiento y dominio de la tecnología
del cultivo: SD - cv. RR (GM) y herbicida específico.
- Utilización de semilla propia.
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Desarrollo Infraestructura
(Calidad de Vida)
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- Vida rural vs. Vida urbana.
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Fuente:
INTA, Reconquista, 2004.
Conclusión
El proceso de expansión de la frontera agropecuaria,
dependió a lo largo del siglo pasado de los precios internacionales,
los que determinaron las actividades a realizar en las explotaciones
zonales, las cuales sufrieron, además cambios en la formas de tenencia
de la tierra debido a la coyuntura de las distintas décadas que
llevaron al abandono de numerosas explotaciones (en general las
de pequeños y medianos productores) generando como consecuencia
la concentración de grandes extensiones de tierra en pocos propietarios.
Hay que destacar que la expansión hacia el sudoeste
Chaqueño y este santiagueño se produce porque se conjugan una serie
de condiciones: climáticas, humanas y de mercado son propicias,
a pesar de que en ciertas ocasiones los magros rendimientos obtenidos
no permitieron lograr márgenes para saldar las cuentas de algunos
productores, ocasionando en muchos casos la quiebra económica y
el abandono de la actividad. El proceso no se detiene en la pampa
húmeda; la aplicación de estos "paquetes técnicos" han
hecho posible alcanzar buenas producciones en zonas consideradas
marginales o no tradicionales y de mayor vulnerabilidad agro ecológica
y económica, con efectos económicos globales altamente positivos
pero difíciles de evaluar en términos de sus costos colaterales
ecológicos y sociales. Esta significativa expansión se pudo hacer
en gran medida por los avances e innovaciones tecnológicas, las
capacidades de los agricultores, la fuerte y sostenida demanda
de la soja, las inversiones agroindustriales y la mejora real de
su precio relativo –devaluación y precios internacionales-.
Las tierras que hace algunos años atrás estuvieran
ocupadas por el monte chaqueño, se encuentran hoy ocupada por el
noble algodón, cultivo que a pesar de experimentar importantes variaciones
en su producción, continúa siendo económicamente el más significativo
en la provincia del Chaco, por cuanto conserva la primacía en la
estructura productiva primaria y es a la vez el cultivo que más
expectativas despierta en los productores. Es posible deducir que
otra de las razones por la que el polo de desarrollo algodonero
se ha desplazado hacia el sudoeste en la provincia del Chaco y este
y noreste de Santiago del Estero, se debió a la necesidad de poder
realizar explotaciones en gran escala, mecanizadas e extensivas,
para lograr de esa manera mejor rentabilidad y de la mejora de los
precios internacionales como el de la soja.
El algodón seguirá siendo significativo en la economía
regional y será importante generador de empleo y requerirá de programas
de investigación y transferencia que apoyen la diversificación y
mejora de la producción del sector primario, la mejora de la calidad
y la diversificación de productos del sector industrial y el ordenamiento
de la comercialización de los productos y subproductos de industria.
Bibliografía
- Draghi, Cecilia (2003): “Región Chaqueña, peligros que trae
la transformación” Centro de Divulgación FCEyN.
- Fundación para el Cambio (2003): “El peso de la soja en la economía
argentina” Noviembre de 2003.
- González, Elvio Ismael (2003): “Cambios tecnológicos en la actividad
agropecuaria chaqueña” Instituto de Investigaciones Geohistóricas
– CONICET
- Informes de producción del Ministerio de Producción de Chaco
(varios entre los años 1995 y 2004).
- INTA Reconquista (2004): “El avance de la soja en la Argentina
y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas” www.inta.gov.ar/reconquista/crsantafe/docsoja.htm
- Matteucci, Silvia y Morello, Jorge (2003): “Singularidades territoriales
y problemas ambiéntales de un país asimétrico y terminal”
- www.ecoportal.net/content/view/full/21385
- OAS, (2004): “Características de la explotación rural chaqueña”
www.oas.org/usde/publications/unit/oea22s/ch14.htm
- Pertile, Viviana Claudia (2003): “La situación social y económica
del pequeño productor algodonero en el Chaco a fines de los ´90,
su correlato con la ampliación de la frontera agropecuaria Chaqueña”
Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste.
- Pertile, Viviana Claudia (2004): “Ampliación de la frontera
agropecuaria chaqueña” Facultad de Humanidades de la Universidad
Nacional del Nordeste.
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