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Ing. Agr. Daniel Tomasini [1]
Más de dos tercios del territorio
argentino están comprendidos por regiones áridas, semiáridas
o subhúmedas secas [2], las que están sujetas a procesos
de desertificación, el problema de degradación de tierras de mayor
importancia en las zonas áridas del mundo y según la FAO es “la
expresión general de los procesos económicos y sociales, así como
de los naturales, que rompen el equilibrio del suelo, la vegetación,
el aire y el agua, ruptura que ocasiona la disminución o destrucción
del potencial biológico de la tierra, la degradación de las condiciones
de vida y la expansión de los desiertos". Este proceso que
alcanza dimensiones globales, ha sido motivo para el establecimiento
de un acuerdo de alcance internacional en 1994, la Convención de
las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y Mitigación
del Efecto de las Sequías.
Con la Convención de las Naciones Unidas de Lucha
contra la desertificación (CNULD), la comunidad internacional ha
reconocido que el desarrollo no sustentable de las tierras secas
a nivel mundial es debido a un complejo de factores que incluyen
cuestiones económicas y políticas (UNSO, 1997). La financiación
y los mecanismos de cooperación adecuados para revertir el proceso
están restringidos por la falta de una evaluación económica de la
desertificación. En este sentido, las agencias de cooperación internacionales
enfatizan cada vez más la necesidad de avanzar en el conocimiento
de la relación costo-efectividad de las acciones propuestas (Reij,
1998).
La cuantificación del deterioro ambiental y la valorización
de su impacto, junto con el análisis de factores socioeconómicos
como causa y consecuencia de la degradación, son elementos claves
para la adecuada toma de decisiones en política ambiental, sectorial
y regional.
El problema ambiental de la desertificación amplía
el espacio del análisis económico más allá de la pérdida de productividad
sectorial registrando impactos y costos a nivel regional y nacional.
En los últimos 5 años esta escala de abordaje se ha elegido para
avanzar en la valoración del impacto económico de la desertificación
en los países afectados.
La Desertificacion en la Republica Argentina
En la Argentina, se ha establecido el Programa de
Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación (SAyDS, 1997)
en el marco del cual se desarrollan numerosos estudios y proyectos
de intervención, para conservar, preservar y rehabilitar los recursos
naturales de las tierras secas
La República Argentina ocupa más del 80% de su territorio
con actividades agrícolas, ganaderas y forestales, generando un
impacto importante en la base de sus recursos naturales, que se
expresa en la actualidad con más de 60.000.000 de hectáreas sujetas
a procesos erosivos de moderados a graves. Cada año se agregan 650.000
ha, con distintos grados de erosión.
Esta situación es particularmente aguda y crítica
en las zonas áridas y semiáridas, donde la pérdida de productividad
se traduce en el consiguiente deterioro de las condiciones de vida
y expulsión de población. La población urbana y rural establecida
en esta región árida/semiárida es aproximadamente el 30 % del total
nacional (9.000.000 de habitantes). Muchos de los estados provinciales
de la región presentan ingresos per cápita promedio inferiores a
la media nacional, y los porcentajes de hogares con necesidades
básicas insatisfechas duplican la media nacional.
La gran variedad de condiciones climáticas, procesos
geomorfológicos y de recursos de suelo y forestales, determinan
una gran diversidad ecológica en las regiones y subregiones sujetas
a déficit hídrico. Según el Programa de Acción Nacional de Lucha
contra la Desertificación se presenta el siguiente escenario:
En la región Pampeana Semiárida (20.000.000
de ha), con suelos arenosos de pendientes suaves, se generalizó
la agricultura con prácticas incorrectas y el sobrepastoreo en las
áreas mas secas. Las sequías periódicas desataron procesos de erosión
eólica (más de 8.000.000 de ha) dando origen a médanos y exponiendo
los suelos a la erosión hídrica (4.000.000 de ha).
En la Patagonia (80.000.000 de ha), estepa
con relieve de mesetas, la causante principal de la desertificación
está dada por el sobrepastoreo ovino. Los sistemas ganaderos extensivos
establecidos hace más de un siglo no contemplaron el uso sustentable
del pastizal natural, acentuando sus condiciones de aridez por disminución
o eliminación de la cubierta vegetal. Coexisten en el ambiente patagónico
los valles irrigados con severos procesos de salinización y revenimiento
de acuíferos. Actualmente más del 30 % de la superficie de la región
se encuentra afectada por procesos erosivos eólicos e hídricos severos
o graves.
El Chaco semiárido (32.000.000 de ha) gran
planicie ubicada en el centro norte del país, presenta un ecosistema
con vocación forestal sujeto a desmonte masivo asociado a la expansión
de la agricultura, que expone los suelos a las precipitaciones y
temperaturas extremas, generando pérdidas en la fertilidad y eficiencia
hídrica, y consecuentes procesos erosivos. Esta situación se agrava
hacia el suroeste, donde la región del Chaco árido presenta
las condiciones más extremas de aridez y fuertemente sujeto al sobrepastoreo.
La Puna (8.000.000 de ha), altiplanicie despoblada,
ubicada en el Noroeste a más de 3.000 metros de altura, junto a
la desierta región Altoandina (8.000.000 de ha) está sujeta
a procesos de erosión hídrica y eólica, fundamentalmente por sobrepastoreo.
Los Valles Aridos del Noroeste y las Sierras Secas Centrales
(15.000.000 de ha), áreas montañosas con sistemas agrícolas bajo
riego y ganadería extensiva en los faldeos montañosos, presentan
problemas de erosión en las cuencas hidrográficas por sobrepastoreo,
deforestación e incendios.
En el área de Cuyo (20.000.000 de ha) coexisten
importantes áreas bajo riego, con problemas de salinización y revenimiento
freático (oasis de cultivo), con extensas llanuras fluvioeólicas
"de las travesías", sujetas a sobrepastoreo y deforestación.
Las regiones áridas del país disponen sólo del 12
% de los recursos hídricos superficiales del país (2.600 m3/seg),
los que junto a la dotación de aguas subterráneas, permiten el riego
en mas de 1.250.000 hectáreas en los llamados oasis de riego. Pero
deficiencias en la infraestructura de riego, la inadecuada sistematización
del terreno, el mal manejo del agua y déficits en la asistencia
técnica al productor, llevaron que cerca del 40 % de la superficie
presenta problemas de salinización y/o revenimiento freático.
La dramática disminución de las formaciones boscosas
de la Argentina ha acompañado a la desertificación. En los últimos
75 años la reducción de la superficie forestal natural, por efecto
de la explotación con objeto maderero y energético, sobrepastoreo
y el desmonte para la ganadería y la agricultura, alcanzó el 66%
(mayoritariamente en las zonas secas) de su superficie original.
Asociado con la ocupación del territorio y la modificación
de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad se expresa en el
peligro de desaparición del 40 % de las especies vegetales y animales
en todas las regiones marginales y en especial en las más expuestas
a la desertificación.
Las deficiencias en la tenencia de la tierra es un
factor que contribuye a agravar los procesos de deterioro. Tanto
el latifundio como el minifundio, la ocupación de tierras fiscales,
y los problemas de títulos llevan a una creciente degradación del
suelo, del agua y la vegetación, disminuyendo y anulando su productividad,
sumiendo a los pobladores en la pobreza u obligándolos a la migración.
Problemas graves como el ausentismo, bajo valor de la producción
primaria, dificultades en la comercialización y escasas alternativas
productivas, presionan sobre los procesos de desertificación. Otro
aspecto poco considerado, y que afecta a todos los núcleos poblacionales
del país, es la desertificación en las áreas periurbanas, originada
en la presión social de grupos marginados y migrantes de las áreas
rurales.
El proceso de deterioro es agravado por políticas
macroeconómicas y sectoriales que privilegian la orientación exportadora,
favoreciendo la concentración y la explotación de los recursos naturales
de una manera no sustentable. A esta situación se suma el hecho
que los productores tradicionales y minifundistas carecen de una
política de protección ó promoción por lo que en las condiciones
actuales sobreexplotan los recursos como estrategia de supervivencia.
La promoción del desarrollo económico a través del
fortalecimiento del sector privado y del sistema de mercado, tanto
como la minimización de la intervención estatal, implican una nueva
especialización de la economía agropecuaria nacional de acuerdo
con sus ventajas comparativas (Torres, 1996). Esta situación puede
profundizar aún más la presión y el deterioro de los ecosistemas
de zonas secas, como está sucediendo con los procesos de expansión
de la agricultura en la región chaqueña.
Socio Economía de la desertificación
La
información sobre las consecuencias sociales y económicas de los
procesos de desertificación tiene la misma importancia que las implicancias
ecológicas. Sirve como base informativa para proyectos en materia
de capacitación, el desarrollo de marcos legales y económicos, así
como para la sensibilización sobre el medio ambiente, y fundamentalmente
para el diseño de políticas nacionales y regionales de lucha contra
la desertificación
La desertificación provoca importantes impactos en
la sociedad y su economía, tanto a nivel global, nacional ó local.
El deterioro de los recursos en las tierras secas ó la propia incapacidad
para incrementar la productividad del sistema agrícola, generan
permanentes flujos migratorios hacia los centros urbanos. Estas
migraciones desestructuran las familias rurales, generan una importante
pérdida cultural, y por sobre todo incrementan la pobreza extrema
en los centros urbanos.
Son relativamente abundantes las citas sobre el impacto
económico que genera la desertificación, donde los indicadores monetarios
de la pérdida de productividad del recurso o los costos asociados
a su posible rehabilitación, inducen a la generalización y desconocimiento
real de la magnitud económica del proceso. Los cálculos desarrollados
como media de varios sitios (Dregne, 1995), en los que la asignación
de pérdidas económicas en el orden de 7, 38 y 250 dólares por hectárea
y año, por el deterioro de pastizales, tierras agrícolas de secano
y de riego, respectivamente, no son adecuados para extrapolar a
otras regiones y/o actividades.
La gran variabilidad física biológica de las tierras
secas, junto a muy diversas estrategias manejo y producción por
parte de productores y utilizadores de recursos, imponen restricciones
a cualquier análisis económico global de la desertificación. La
cuantificación de este deterioro ambiental y la adecuada valorización
económica de su impacto, junto al análisis de los factores socioeconómicos
como causa y consecuencia de la degradación, son elementos claves
en la política ambiental rural en la región.
El análisis económico del uso de las tierras secas
(Dixon et al, 1989) es una herramienta clave para:
- el diseño e implementación de políticas de inversión (pública
y privada),
- la toma de decisiones para el desarrollo rural,
- la valorización de los bienes y servicios ambientales para la
sociedad.
El análisis económico del uso y manejo de recursos
y ambiente de las tierras secas, en una herramienta básica para
el diseño e implementación de políticas de inversión tanto públicas
como privadas. Con este cometido un consorcio de universidades
y de centros de investigación en zonas áridas de Argentina, liderado
por la Facultad de Agronomía de la UBA, y con el apoyo técnico financiero
de la cooperación alemana GTZ, desarrolla el proyecto "Economía
y Desarrollo Sustentable de la Tierras Secas en Argentina” para
el ajuste de métodos de valoración económica productiva y ambiental
para las tierras secas y su aplicación en la toma de decisiones.
Por otra parte las sociedades de la región deben
evaluar y decidir permanentemente sobre la asignación de recursos
escasos en las inversiones para el desarrollo y con escenarios competitivos
entre áreas con mayor y menor vocación productora de alimentos,
tanto para el abastecimiento local ó de bienes para la exportación.
En este panorama las tierras secas parecen no ser muy favorecidas.
Sin embargo existen muchas oportunidades para inversiones en estas
áreas, que en el marco de proyectos para el desarrollo sustentable
de pequeños productores y campesinos, demuestran que el nivel de
eficiencia del capital invertido en este tipo de proyecto productivo-ambiental
puede alcanzar valores positivos.
Como parte de esta actividad y en vinculación con
otros proyectos en el marco del Programa de Acción Nacional de la
Argentina, se han registrado impactos económicos significativos
en la incorporación de tecnología para el uso sustentable de los
recursos, a nivel de pequeños y medianos productores. Tasas internas
de retorno del capital invertido entre el 37 y 59% para proyectos
de manejo silvo-pastoril en la región del Chaco, entre el 27 y 64%
para mejoras en el manejo de cría bovina en zonas de sierras y montañas,
se presentan como oportunidades para vincular el desarrollo con
el control de la desertificación.
Bibliografía
- CNULD. Convención de Naciones Unidas de
Lucha contra la Desertificación. 1994. Texto de la Convención.
Sitio Web de la Secretaría de la Convención. http://www.unccd.int/text/convention.php
- Dixon, J; D. James and P.Sherman. 1989.
The Economics of Dryland Management. London: Earthscan
Pubs.
- Dregne, H. Socioeconomic Impacts of Land
Degradation in Drylands. Documento del IV Curso sobre Desertificación
y Desarrollo Sustentable en América Latina y el Caribe, Agosto-Septiembre
1995, Colegio de Posgraduados en Ciencias Agrícolas, Montecillo,
México
- Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable,
Dirección de Conservación del Suelo (2000). Programa de Acción
Nacional de Lucha Contra la Desertificación. Sitio Web de
la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Argentina:
http://www.medioambiente.gov.ar/areas/dcs
- Tomasini D. y O. Perez Pardo (2002) Desarrollo
rural en las tierras secas. Conferencia Desarrollo de las
Economías Rurales en América Latina y Caribe: Manejo Sostenible
de Recursos Naturales, Acceso a Tierras y Finanzas Rurales
Fortaleza, Brasil 7 de Marzo de 2002 publicado en http://www.iadb.org/sds/doc/RUR-DesarrolloRuralenZonasSecas.pdf
- Torres, J. (1996) Agricultural Modernization
and Resource Deterioration in Latin America. In Munasinghe, M.
(Ed.) Environmental Impacts of Macroeconomic and Sectoral Policies.
Washington.
- UNSO. Oficina de Lucha contra la Desertificación
del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. 1997. Macroeconomics
and the drylands. Concept paper. New York
[1] Director del Departamento de Economía,
Desarrollo y Planeamiento Agrícola. Profesor Adjunto a cargo del
área de Economía de los Recursos Naturales. dtomasin@agro.uba.ar
[2] La Convención de las Naciones Unidas de Lucha
contra la Desertificación y la Sequía define como "zonas
áridas, semiáridas y subhúmedas secas" a aquellas zonas en
las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración
potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65, excluidas las regiones
polares y subpolares;
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